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Noticia del Blog

De sobrevivir a florecer: cómo la presión que te rompe te hace antifrágil

Por qué el músculo mental se fortalece solo cuando le permites la pausa
Fecha
26 Enero 2026
Categoría
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Si trabajas en un entorno exigente, como la Administración pública o cualquier otro, sabes que la presión no es algo que se negocie; es una realidad constante en nuestro día a día. Pero el verdadero problema no está en la presión externa, sino en nuestra intolerancia a la presión, la cual se acumula y nos pasa factura. Cuando no la gestionamos, sufrimos disfunciones en nuestra memoria, afectaciones en el sistema cardíaco y respiratorio, y una alteración de nuestro estado emocional. Al final, todo esto culmina en frustración y ansiedad, minando nuestra funcionalidad como personas. Y ojo, ¡este efecto no se queda en la oficina! Esa intolerancia profesional la arrastramos directamente a casa, afectando seriamente nuestras relaciones personales y familiares.

Entonces, ¿cómo podemos dejar de ver la presión como un enemigo que nos debilita? La tolerancia a la presión se define como la capacidad de mantener la calma y la claridad mental, incluso cuando el sistema nervioso se altera. La clave no es intentar controlar las emociones (lo cual ya es una presión en sí misma), sino aceptarlas y gestionarlas. Necesitamos entender ese estado de presión, hacer una parada y decidir qué haremos a continuación.

articulo oratoria práctica Si hablamos de fortaleza mental, la resiliencia humana va más allá de volver a ser quien eras antes de la caída. La resiliencia implica levantarse, sí, pero siempre con un pequeño aprendizaje incorporado, manteniendo ese equilibrio vital entre el esfuerzo que aplicamos y la recuperación que necesitamos. Pero hay un concepto que es aún más poderoso, acuñado por Nassim Taleb: la antifragilidad. Lo opuesto a frágil no es ser resistente (que gasta mucha energía aguantando embestidas), sino ser antifrágil. Antifrágil significa que aquello que se rompe, entiende por qué se rompió y que esa rotura era necesaria para su crecimiento. ¿Acaso las "agujetas mentales" (errores, conflictos) no deberían ser como las microrroturas musculares tras el ejercicio, que nos recomponen y nos dejan superfortalecidos? Es maravilloso pensar que la presión controlada y bien gestionada se transforma automáticamente en una fortaleza.

Para lograr este nivel de fortaleza, necesitamos un entrenamiento mental diario, un verdadero "viaje hacia dentro". El primer paso es la autoconciencia emocional. Esto no solo es saber que tienes miedo, sino entender cómo esa emoción está trabajando por ti, si es intensa o baja, placentera o displacentera y, sobre todo, dónde la localizas en tu cuerpo (muchas veces en el estómago). Localizar la emoción evita que se esconda y genere tensión inconsciente. ¿No es mucho más útil ver la presión como un indicador natural que nos ayuda a sobrevivir en lugar de como una debilidad?

Una vez conscientes, la segunda habilidad es la aceptación sin juicio. Aceptar las cosas como vienen nos permite adaptarnos y avanzar, saliendo de la curva del duelo. Es fundamental distinguir esto de la resignación, que es quedarse anclado en la queja o en el pasado. Aceptar que un compañero tiene una opinión diferente no significa que estemos de acuerdo, sino que entendemos su perspectiva, lo cual es la base para avanzar.

articulo oratoria práctica La tercera clave gira en torno a TEA: tiempo, energía y atención. Bajo presión, nuestra atención se dirige justo a lo que nos presiona y nuestra energía empieza a flaquear. La habilidad aquí es ser sabio con esa energía. ¿Por qué dedicar tanto foco y energía a preocuparnos por aquello que no podemos cambiar? La fortaleza no está en querer cambiar el entorno (el jefe, las tareas), sino en entender tu relación contigo mismo y con esas circunstancias.

Finalmente, el cuidado personal no es un acto de egoísmo, sino de generosidad. Solo si tú estás bien, podrás ser eficiente y estar bien para los demás. Esto exige hacer pausas de verdad, optando por el descanso contemplativo (como saborear una infusión) en lugar de la distracción lúdica que aún requiere esfuerzo cognitivo (como jugar con el móvil). Si sabemos que nuestra energía es nuestro recurso más valioso, ¿por qué somos tan reacios a parar y recargarla? La verdadera disciplina es ser inteligente y permitir el descanso para continuar con más fuerza.